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La seguridad vial

Es un error pretender reducir los accidentes de tránsito, desde un verticalismo estatal, tratando a los transportistas como elementos pasivos en la solución del problema, cuando por el contrario, deben ser considerados como agentes activos del cambio.

Fuente de imagen.(Archivo El Comercio)(*)

 

Más de 3,600 personas mueren al año en el Perú debido a los accidentes de tránsito, de los cuales el 80% son peatones, según cifras extraoficiales. La mayoría de accidentes se produce en el rubro del transporte público urbano y luego en el interprovincial. El altísimo número de muertos y heridos constituye un grave problema aún sin resolver en el Perú. La atención sanitaria de estas víctimas, la mayoría entre 15 y 39 años de edad, cuesta alrededor de 150 millones de dólares anuales, cifra que representa el 0,17 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI), según cálculos oficiales.

La inseguridad vial se debe a que el sector Transporte, en zonas urbanas, se convierte en refugio de quienes por falta de un empleo formal acuden a este oficio, sin vocación, ni calificación y en el ámbito interprovincial, a la informalidad existente y sin control por parte del Estado.

La situación se agrava debido a la ausencia de una coherente política estatal que ha convertido el sistema en caótico. En medio de esta selva sin control, las ganancias se obtienen sobre la base del mayor tiempo que el chofer permanece al volante, el mayor número de kilómetros recorridos, el mayor nú- mero de pasajeros o de carga, a un parque automotor (en su mayor parte obsoleto) y a una falta efectiva de control policial. El sistema, incluso, ha dado lugar a un singular código de comportamiento donde se han relativizado los valores, cuyo lema parece ser “vale todo”, convirtiéndose en una tiranía que se impone en las calles y carreteras.

Es obvio, entonces, que mientras no se reestructure el esquema empresarial y laboral del transporte público, no exista una conciencia del cumplimiento de las normas y reglamentos por parte del peatón y del usuario de vehículos, pero especialmente el que los gobiernos de turno tomen conciencia de la importancia que tiene el ejercer el principio de autoridad, es muy poco se puede avanzar para combatir la inseguridad vial existente. Demandar la articulación de políticas eficientes entre el Ejecutivo, el Congreso, los Gobiernos Regionales y Municipalidades, Poder Judicial, Policía Nacional, SUNAT, SUTRAN e INDECOPI; va más allá de acciones que correspondan sólo al terreno normativo, fiscalización y el control, necesarias pero insuficientes para revertir esta grave situación.

Es un error pretender reducir los accidentes de tránsito, desde un verticalismo estatal, tratando a los transportistas como elementos pasivos en la solución del problema, cuando por el contrario, deben ser considerados como agentes activos del cambio. Poco o nada sirve que un conductor evite infringirlas normas sólo porque puede ser sorprendido en el acto. Lo verdaderamente efectivo radica en lograr que los transportistas decidan manejar con responsabilidad, asumiendo como propias las normas y que adopten una conciencia ciudadana de respeto a la vida y a los derechos de los demás. Es importante trabajar en el comportamiento humano porque este, actualmente, es irracional, se basa en la viveza, el egoísmo y la ley propia.

Un ejemplo de cómo influye un mal comportamiento en la seguridad vial se registra en cualquier intersección a la hora punta. Ninguno deja pasar a otro vehículo a pesar de que sabe que no va a poder avanzar y obstaculiza el tráfico innecesariamente. Estas personas no se dan cuenta que si ceden el paso a otros vehículos porque les será imposible cruzar a pesar de estar en verde, se ahorrarían un galón de gasolina a diario y 30 minutos de viaje al día.

Es una tarea titánica pero no imposible. En otros países ha dado excelentes resultados el uso de campañas sistemáticas y sostenidas de comunicación social, que han demostrado ser una máquina poderosa de conducción y que han hecho posible modificar decisivamente aspectos sociales o políticos de un país. Intentar convencernos de que el Perú avanza con sólo mencionar el número de kilómetros de carreteras pavimentadas y de calles y avenidas en buen estado, no es lo más adecuado. Los accidentes de tránsito han ocasionado dolor en miles de personas, han truncado vidas, han enlutado familias. Es el momento de enfrentar con seriedad y responsabilidad esta patética realidad e implantar una verdadera Seguridad Vial en el país.

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